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HABÍA UNA VEZ

Una mujer trans privada de su libertad en un centro penitenciario varonil, esa mujer no tenía nombre ni rostro y yo me disponía a encontrarla para contar su historia. Apenas comenzaba aquella misión cuando los gritos desbordantes de un grupo de mujeres trans cargando un ataúd en medio de una protesta en Ciudad de México, retumbaron en mi red social. Entre aquellas mujeres sobresalía el cuerpo delgado, alto y moreno de una de ellas. La rabia invadía las venas de su cuello tatuado con seis estrellas, su rostro no daba tregua, estaba por declarar una guerra pero ella aún no lo sabía. Lo único que sabía era que sus palabras no valían nada frente a un sistema de justicia, que pese a su declaración, dejo libre al asesino de su compañera quien recibió tres impactos de bala al interior del coche del hombre que minutos antes la había contratado para un servicio sexual. Kenya corrió hacia el auto al escuchar los gritos de auxilio, pero las detonaciones la pararon en seco. Ya era tarde para Paola. 

 

Kenya levanto su celular y grabo aquella escena. “Yo no fui” decía el asesino de Paola mientras lo metían a una patrulla. Esto pasó el 30 de septiembre de 2016 en la Ciudad de México, y para octubre de ese año ya me encontraba filmando a Kenya que no dio tregua a quienes le arrebataron la justicia a Paola y también a ella. Peleó días y días, años y años, librando batallas históricas contra la invisibilidad de las mujeres trans en México. “Ahora que se chinguen” advirtió Kenya a un funcionario de gobierno mientras mantenía paralizado el periférico al grito de “Nos están matando”.


El mundo de oscuridad que devoró la vida de Paola aquella noche, se fue iluminando con Kenya frente una cámara observante y complice de las acciones de la protagonista, quien en esta película, nos abre las puertas al mundo de solidaridad, empatía y una dosis de humor “negro” de las mujeres trans.

Había una vez
La anecdota

THE ROAD TRIP

Recuerdo que pasadas las horas y al no lograr que el seguro atendiera nuestra llamada de auxilio y nos enviara una grúa, Tanya, quién llevaba de encomienda la asistencia de producción, estaba a punto de las lágrimas con celular en mano hablando con una operadora que apenas si la escuchaba. Kenya , Sergio y yo fumábamos y reíamos mientras mirábamos aquella escena. Sumadas las horas (6) llegaron dos grúas y una ambulancia que nos acercaron a la caseta más próxima con la "Paloma" a cuestas. Al día siguiente el mecánico llenó de aceite la máquina vieja de la "Paloma" y al intentar encenderla dictó su sentencia final: su coche está desvielado. Después de superar el shock de aquella noticia, sacamos las cosas de la cajuela y continuamos el viaje con lo más indispensable: nuestras cámaras. El destino nos llevó donde queríamos llegar, cada pregunta que cargamos en nuestras maletas tuvo su respuesta, el equipaje cada vez era más ligero. Primero llegamos a Pichucalco, Chiapas, pueblo donde nació Paola; después continuamos nuestro camino y rentamos un coche para ir a Ciudad del Cármen, Campeche. Llevábamos cuatro días de viaje y estaban por ocurrir dos de los encuentros más importante de la película. El encuentro con Maura la tía de Paola, con quien vivió antes de emigrar a la Ciudad de México a sus 18 años y el encuentro de Kenya con el mar donde se sumergiría en un respiro profundo que le ayudaría a liberar parte de la pesada carga que subió sobre sus hombros después de que el destino la pusiera frente a aquel crimen de odio que volteó su vida de cabeza. Kenya ya tenía las respuestas que necesitaba y yo también. La película apenas comenzaba.

Esta no es una carta de amor

Kenya, eres esa esperanza que de vez en cuando se nos escapa y nos deja en el limbo de la existencia. ¿Qué sentido tiene vivir y seguir adelante? Cuánta impotencia no habrás cargado en tu vida; cuánto odio y cuánto resentimiento habrás sentido en medio de la oscuridad que se aferro a ti durante años, pero ahora estás aquí frente a mi y frente a todo el mundo dándonos una lección de vida, compartiendo parte de tu historia a través de una pantalla gigante. Te veo y aún se me atraviesa un nudo en la garganta, te sigo viendo y no logro despegar mis ojos de aquel personaje que eres en esta película. La heroína de esta historia que se llama humanidad. Gracias por todo Kenya.

G.D.

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